sábado, 9 de julio de 2011

Soledad, Aunque Estes Rodeado

Esa soledad, que se aferra a tu pecho. Nadie comprende tu desesperación.  Tampoco tú. Te ves rodeado de gente que no te escuchan, que hablan por encima de ti. Quieres expresarte pero no puedes, nadie puede arrancar esa soledad que llevas encimas.
Puedes vivir con otras personas, pero esas personas bastante tiene con aguantar tus delirios. Por más que en tu cabeza lo expreses, nada saldrá por esa boca anestesiada. ¿Por qué nadie te hace caso? Ninguno contesta. Compañero de viaje, tu malestar seguramente no sea culpa de los demás. No sirve de nada culpar a nadie.
La soledad se hace una losa que no te deja avanzar. De qué sirve si alguien pueda escucharte si los demás no saben de lo que hablas o lo entienden de manera superflua. Es más, a quién explicarás esos sentimientos rotos cuando ya estás tachado de pesado lastimero. Algo lastimero soy, por ello, mi soledad me la trago para mi. Ya gastaré otros cartuchos en otras ocasiones. Mientras tanto, me ahogo por dentro y nadie puede velar por mi.
Lo siento mucho, me tocó, me tocó vivir esta vida de ciertos desequilibrios químicos cerebrales. Pese a ello, intento avanzar, aunque la soledad te queme por dentro. No he conocido algo tan duro como es esa sensación de estar perdido en medio de una jungla. ¿Puede el vacío superarlo? No lo sé, pero sin mostrar afecto grito hacia mis adentros: “Socorro, liberarme de esta soledad”.
Ya lo dijo Nietsche, “Nadie aprende, nadie aspira, nadie enseña a soportar la soledad”.

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